Comunicados

El académico Carlos Martínez Shaw destaca el papel del pasado de las empresas “como un valor indiscutible”

En el marco de las jornadas ‘El primer franquismo, ¿una economía de guerra?

  • Organizadas por la Universidad de Huelva y el Instituto Atarazanas, las jornadas ‘El primer franquismo, ¿una economía de guerra?’, ofrece nuevos enfoques a un periodo caracterizado por la autarquía y la construcción del régimen franquista
     
  • El historiador Juan Pablo Fusi asegura que la cultura franquista destacó por su “desolador prosaísmo”

Ponentes  jornadas Instituto Atarazanas "El primer franquismo, ¿una economía de guerra?"
Carlos Martínez Shaw, Real Academia de la Historia; Encarnación Lemus, UHU; María Antonia Peña, Rectora de la Universidad de Huelva; y Juan Pablo Fusi Aizpurúa, Real Academia de la Historia.

Huelva, 04 de junio de 2018. El historiador Juan Pablo Fusi aseguró hoy, en la conferencia inaugural de las jornadas ‘El primer franquismo, ¿una economía de guerra?’ que se celebran en la Facultad de Humanidades de la Universidad de Huelva, que la cultura española durante la dictadura de Franco se caracterizó por su “desolador prosaísmo”. “La exaltación patriótica, el espíritu militar, el ferviente catolicismo y las formas clásicas y tradicionalistas fueron sus características esenciales”, destacó el también académico de Historia en la apertura de este encuentro, organizado por el Grupo de Investigación ‘Aprender la democracia’ en colaboración con el Instituto Atarazanas y la Universidad de Huelva.

Fusi trazó en la conferencia La posguerra como circunstancia el panorama cultural de los años 40, marcado por “el tremendo impacto de la Guerra Civil que puso fin de forma traumática a la Edad de Plata, sin duda, uno de los momentos más brillantes de la cultura española”. La contienda sólo dio lugar, señaló el historiador citando a Ortega y Gasset, “una era de atroz silencio”. “La educación fue depurada, los libros, prohibidos, y  los medios de comunicación, intervenidos”, recordó el autor de Historia mínima de España, quien destacó cómo la cultura de masas (los toros, el fútbol y la literatura de quiosco) impuso “un silencio artificial sobre los problemas reales de la sociedad”.

Así, el catedrático emérito de la Complutense, presentado por la rectora de la Universidad de Huelva, María Antonia Peña, y los catedráticos Encarnación Lemus y Carlos Martínez Shaw, presidente del Instituto Atarazanas, ofreció datos reveladores de esta “cultura raquítica, silenciosa y empobrecida”, como el monopolio de la Iglesia Católica en la educación, el triunfo de una Literatura ideologizada y panfletaria y la imposición de una arquitectura destinada a aportar grandilocuencia. Con todo, aseguró, en línea de la valoración realizada en su día por Julián Marías, que hubo “vegetación en medio del páramo”.

En esta línea, Fusi citó, entre esos “libros que iban a quedar, La familia de Pascual Duarte y La Colmena de Camilo José Cela; Hijos de la ira de Dámaso Alonso; Sombra del paraíso de Vicente Aleixandre; Nada de Carmen Laforet; La sombra del ciprés es alargada de Miguel Delibes, e Historia de una escalera, de Buero Vallejo. “Todos estos títulos vinieron a revitalizar la vida intelectual de España, enlazándola, de algún modo, con las preocupaciones y las conquistas de las generaciones del 98 y del 27”, señaló el historiador, quien también citó los trabajos de Ramón Carande, Pedro Laín Entralgo y Julio Caro Baroja.

El autor de El malestar de la modernidad se refirió, a modo de conclusión, a los retornos de José Ortega y Gasset en 1945 y Gerarld Brenan, en 1949. Sobre el primero, aseguró que “no tuvo sitio en aquella España, aunque nunca quiso resignarse a un exilios esperanza”. Del segundo, indicó, “regresó a un país en el que se sentía como en el paraíso y decía estar en éxtasis, aunque vio mucha miseria, pobreza, mendicidad y presencia policial”. “Brenan fue el primero que intentó rastrear cuál era el paradero de Lorca, pero sólo encontró el horror de una ciudad en silencio porque había asesinado a su poeta”, recalcó.


Juan Pablo Fusi Aizpurúa, Real Academia de la Historia jornadas Instituto Atarazanas "El primer franquismo, una economía de guerra"
Juan Pablo Fusi Aizpurúa, Real Academia de la Historia.

Por su parte, el catedrático Carlos Martínez Shaw se felicitó por “la primera aparición pública” del Instituto Atarazanas en estas jornadas organizadas en colaboración con la Universidad de Huelva. “Queremos promover el estudio y el debate sobre la historia económica y la historia de las corporaciones”, explicó sobre los propósitos de esta institución. “La Historia, para las empresas, aporta un título de nobleza porque puede atestiguar la densidad de una corporación, puede otorgar un timbre de solvencia. El pasado, por fin, va apareciendo en el ámbito empresarial como un valor indiscutible”.

Por su parte, la catedrática de la Universidad de Huelva y coordinadora de las jornadas ‘El primer franquismo, ¿una economía de guerra?’, Encanación Lemus, aseguró que la propuesta va encaminada a que “las Humanidades salten la tapia de la Universidad y lleguen a la calle”.

‘El primer franquismo, ¿una economía de guerra?’ continuará el martes 5 de junio, a las 9 horas, con Carceller y Hoare: las negociaciones secretas entre Londres y Madrid.  Una ponencia a cargo de Francisco Contreras, de la Universidad de Huelva, y Manuel Peña, de la Universidad de Córdoba en la que se debatirá sobre el papel del ministro español de Industria y Comercio, Demetrio Carceller y el embajador británico en España, Samuel Hoare, en el contexto económico de la España de posguerra. 

A continuación, Zira Box, de la Universidad de Valencia, abordará la ponencia La España franquista y sus símbolos: culturas políticas y fascistización en los años de la guerra y posguerra. Finalmente, la historiadora y catedrática de la Universidad de Huelva Encarnación Lemus clausurará las jornadas a las 12.30 horas.

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